Entrevista exclusa: Los Fantasmas de Cibrián Querés ver las fotos?

Hablar con Cibrián es un placer. Es cálido y tranquilo. Es una persona que transmite lo mejor de sí. Magia. La misma que pone sobre el escenario en cada aparición, no importa cuál sea la obra en cuestión.
Esta vez la excusa fue “El fantasma”. Pero podría haber sido cualquiera de los otros tantos éxitos a los que nos tiene acostumbrados. Su ascenso empezó con “Aquí no podemos hacerlo”, que, por destino propio, pareciera ser que sigue vigente.


Mister G: ¿Qué cosas todavía no se pueden hacer en la Argentina?
Cibrián: En la Argentina se puede hacer de todo, pero hay cosas que no se deben hacer. Se puede hacer de lo más aberrante hasta lo más bello, porque es condición del ser humano. Lo importante para poder hacer algo es ser coherente, si me preguntás si en la Argentina podemos hacer un musical con la misma producción con que hacen el Rey León en Estados Unidos, no podemos. No podemos porque no somos un país con esa producción ni tenemos esa cantidad de turistas, ni tenemos esos capitales. Lo que podemos hacer dentro de nuestras posibilidades es trabajar con nuestras limitaciones y nuestras grandezas.
Dentro de lo artístico me refiero al teatro. Podemos hacer musicales que tengan una guitarra, una flauta; que un actor toque el piano a la luz de una vela, etc. Ahora yo, ponerme a hacer distinto, y gastarme 15 millones de dólares, es una idiotez. Primero que no hay 15 millones entre todos los productores de teatro porque no lo pueden recuperar, allá lo recuperan porque las entradas cuestan U$S 120.- -cuando tienen éxito, si no la bajan al dia siguiente- y está 7 años en cartel, con turistas de todo el mundo que van a ver esos musicales como flamenco en España y tango en la Argentina; es así, entonces yo creo que se puede hacer todo de acuerdo a las posibilidades.
Hay limitaciones que te ponen la vida, la realidad económica, la circunstancia social, etc. Lo que debe hacer uno es adaptar esas circunstancias a sus propias necesidades.

Mister G: ¿Es cierto que se necesitan 120.000 espectadores para que un musical dé rédito?
Cibrián: No es cierto. Primero, no recuerdo muchos espectáculos, salvo los exitosísimos, que hayan hecho 120.000 espectadores. Puede que sí hayan, pero muchos no, todo depende de lo que uno gasta. Es ingenuo que diga 120.000 porque a lo mejor con 100 cubro los gastos porque gasté $1000.-, y cuando hicimos “Aquí no podemos hacerlo”, en el año 1978, lo que hoy serían $10.000.- y fue un éxito, así que lo recuperamos enseguida.
En Drácula necesitábamos recuperar USS 1.000.000.- pero vinieron 2.000.000 de espectadores y se recuperó y se ganó, con el Jorobado, Las mil y una Noches, etc. Fueron muchas obras, y no creo que existan parámetros.

Mister G: Recién hablábamos del tema de las posibilidades de cada uno y de cómo compensarlas. La gente de Cats hizo una comparación que es clave…
Cibrián: Estábamos haciendo “El Jorobado” y nos vino a ver el director de “Cats”, un hombre encantador, y recuerdo que me dijo: “Mira Pepe, como te imaginarás no estoy sorprendido por la producción, pero ¿Cómo es posible, de dónde sacas y sacan tanta sangre? Esas cosas son de ustedes. Soy de plástico, somos de plástico (como diciendo: somos rutinarios)”. Lo que sucede es que tenemos un estructura diferente. Ellos tienen 5 semanas para ensayar un musical y sí o sí se estrena porque un día mas son USS 100.000.- por los sindicatos y demás.
Acá los decorados los corren los actores. Allá si no hay 18 utileros y 46 maquinistas un clavo no lo puede sacar cualquiera, porque es todo muy burocrático. Los teatros nuestros son sangre y fuerza.

Mister G: ¿Qué significa Mahler?
Cibrián: Mahler significa el hecho de entender que en la vida uno no puede con todo solo. Yo soy un hombre que desde muy joven he empezado a luchar con la ayuda de mis padres, porque siempre ellos fueron muy generosos y confiaron mucho en mi capacidad de lucha y creatividad y, de pronto, cuando uno logra todo eso tan solo, es muy difícil a veces el poder empezar a compartir.
A Ángel lo conocí cuando tenía 24 años y yo tenía 36. Él empezó a trabajar conmigo como arreglador y luego con otros músicos haciendo obras. Un día surgió hacer “Drácula” y fue un éxito, y era una criatura Pepe Cibrián de 8 metros de grande y muy chiquitito “y música de Ángel Mahler”. Pero a medida que esto fue creciendo yo empecé a entender que si yo no le daba cada vez un espacio mayor a Ángel se iba a ir, porque cuando uno crece deja de ser ya ese chico de 24 años para pasar a ser ese señor que ya lleva 18 años luchando conmigo. Entonces fue cuando, poco a poco, fui cediendo ese espacio a cambio de todo lo que él me iba dando y por eso es Cibrián – Mahler. Porque yo, para que figure así, tengo que dejar mi mitad (de la cual me siento muy orgulloso), a alguien, una persona necesaria para mí, tanto como yo para él. Es un par. Yo soy muy feliz cuando lo ovacionan o cuando le hacen notas bellísimas, porque siento que ha salido un poco de mí, más allá de su talento.


Mister G: ¿Sentís que tenés más respeto del público que de la crítica?
Cibrián: No. Los medios me dan un lugar muy bueno, me respetan profundamente, me dan siempre espacios maravillosos. Cuando estreno una obra tiene una repercusión muy grande. Por eso estás acá haciendo esta nota.
Creo que lo que el público siente lo expresa más a través del afecto. De pronto un chico de 14 años tiembla porque me pide un autógrafo, o gente que dice que le cambié la vida. Cosas que digo ¡Guau!, nunca me lo hubiera imaginado. Tenía ganas de tener éxito, nunca pensé que éso era el gran éxito. El haberle cambiado la vida a una persona como me lo han dicho. Eso es lo que me parece más conmovedor.

Mister G: ¿El Luna Park o el Teatro Under?
Cibrián: Te juro que soy igualmente feliz trabajando en ambos lugares. Yo estuve en el Luna Park hasta que murió Tito Lectoure y fui muy feliz. Cuando él se fue yo sentí que mi vida había sido junto a él, y no es por despreciar a quienes están, todo lo contrario, fui yo el que decidió innovar.
Un día le dije a Ángel: “vamos a un sótano”, y surgió el Santa Maria en el año 2001, un año caótico, donde hicimos “Aquí no podemos hacerlo” a $ 2 la entrada, y yo feliz de la vida. Es uno el que pone el espacio, el espacio no me hace a mí. Yo estoy en estos teatros porque Ángel insiste, yo encantado me iría a un sótano porque tengo menos presiones, porque no es lo mismo tener que meter 1000 personas que 40. Los teatros under me parecen maravillosos y fueron espacios mágicos en mi vida y volvería más que orgulloso.

Mr.G: ¿Te interesaría dirigir una obra en Broadway?
Cibrián: No. He visto muchas y todas me parecen iguales. Todo es producción, poco texto, pocas situaciones, es todo a ver quién vuela mas alto es como un gran circo. Es como Disneylandia; de hecho las grandes producciones son Disney.

Mr.G: ¿Sentís que cumpliste con expectativas propias y ajenas?
Cibrián: Yo siento que todo lo que soñé hasta hoy lo he cumplido. El conflicto es cuando cumplís ciertas fantasías y decís ¿y ahora qué viene?
Lo que a mí me influyó fue el teatro. Porque yo lo elegí. Viví esa etapa del teatro cerca de mis padres, a mí me apasionaba de muy chiquito, y eso me influyó. Lo que me influyó mucho es este mandato de tener que lograr tener éxito, porque el éxito para la gente de teatro o para el actor de antes, no era que te sacaran en una tapa. Era poder comer o poder hacer una segunda obra.
Hay padres hoy en día que creen que del teatro no se vive. Yo sé de mucha gente que vive del teatro y de mucha gente que no vive del título. Yo creo que los padres deberían dejar que sus hijos sean felices. De alguna manera se sobrevive. Más que el crédito o el título es la lucha. Es un mundo difícil, un país difícil para todos, para vos, para mí, a mí no me es fácil, puede ser que venga más gente ahora que hace 20 años, pero eso no me asegura el éxito.

Mr. G: ¿Qué te dejó la televisión?
Cibrián: Yo he formado todos mis elencos porque yo no trabajo con profesionales ya entrenados. Esto quiere decir que trabajo con gente que nunca ha hecho nada. Los tengo que formar para que ellos puedan salir al escenario del Opera o del Luna Park y no morirse de un síncope cuando de repente se abre el telón y se encuentran 5000 personas como le pasó a Juan Rodó, Cecilia Milone, Paola Krum, etc. Para mí el programa de televisión fue maravilloso porque de esa gente que quedó, la mayoría ahora está en Canterville y la otra está en “Aquí podemos hacerlo”, que se estrena a mediados de Abril en el teatro Broadway 2.
Sin embargo, no soy un hombre de televisión y no creo volver a hacerla. Porque uno trabaja como un animal y luego lo ves en 45 minutos. No es lo que has trabajado, no me llena. Estará muy bien editado pero no es lo que yo había vivido. Lo que habíamos transpirado durante las 8 horas diarias.

Mr.G: ¿Seguís con ganas de adoptar un hijo?
Cibrián: No. En ese momento para mí fue muy importante. Pero ya estoy en una edad donde siento que ya fue. Esto pasó hace 5 ó 6 años. Me sentía muy vital, no porque ahora no me sienta vital ni mucho menos viejo, pero creo que a los 60 años ya no lo disfrutaría.
Tener un hijo es una gran responsabilidad y en este momento no tendría ganas de asumirla. No es egoísta, sino que ahora tengo ganas de poder viajar, de hacer otras cosas y sé que con un hijo no podría hacerlo. En ese momento lo hubiese hecho encantado.

Mr.G: ¿Qué creés que haya pasado?
Cibrián: Supongo que todo lo que tiene que ver con los padres solteros y los prejuicios y demás. Si no es fácil en general… Vos pensá que yo había dicho que me daba igual que sean 2 o 3 hermanitos, negros, blancos de 7 ó 10 años, no es que yo buscara un bebito, que es más difícil. Lo he hablado hace poco en televisión y me han llamado para decirme que si estaba interesado que podían y ahí yo les dije no.

Mr.G: Con 25 años de dupla ¿El Fantasma representa algo para ustedes?
Cibrián: El Fantasma fue una causalidad. Yo hago el personaje del Marqués de Canterville. Hace mucho que no trabajo en el escenario y no sé si lo volvería a hacer. Pero este personaje sí lo quería hacer.
Fue en este teatro donde debuté a los 18 años, en este camarín que era el de mi madre. Un día estaba en el escenario y miré hacia la derecha y me vi de 18 años y vi a mi madre, a mi padre, Marcos Zucker, Lola Membrives, Blaky y dije: ¡Joder! Claro… Si yo soy dueño de mi castillo y estos son mis fantasmas. El personaje lo llevo desde ese lugar y por eso me emociona mucho, porque creo que uno tiene sus historias, como vos, como todo el mundo.
Para mí la del teatro está muy arraigada. Estaba en el teatro y de pronto, sin darme cuenta, miré esa escalera y me vi bajando a los 18 años con un pijama. Recuerdo que me tropecé. Estaban más nerviosos mis padres que yo. Yo seguía hablando tan tranquilo… Mi papá dijo ¡Qué hijo de puta, este guacho sale como si no pasara nada! Pero yo estaba aterrado, pero seguía adelante y esos fantasmas me vienen todo el tiempo y eran los recuerdos y los traigo permanentemente.
Ángel es un hombre que ha aprendido también esto del arte porque es una artista nato, también es un hombre muy respetuoso de los fantasmas, por eso para nosotros es un proyecto tan importante mas allá de que sea redituable o no.

Mr.G: Tenés la experiencia en ambas producciones… ¿Es posible hacer gozar a un adulto como a un niño?

Cibrián: Absolutamente. Sobre todo cuando el grande se conecta con su propio chico. El teatro es magia, es como un mago que saca un conejo, todos sabemos que el conejo sale de la galera y que es un truco, pero cuando un mago te lo hace creer… Todos sabemos que la actriz no se muere, todos sabemos que Hamlet luego se iba comer a su casa, pero cuando vos te lo creés y vos lográs olvidarte que tal actor que se llama Federico García, es Federico García y también es Martín Fierro, ahí es donde la magia sucede en teatro y te olvidaste y decís me lo creí y te metiste en ese mundo.
Pero para meterse en ese mundo hay que ser ingenuo, puro, aunque seas un guacho de mierda en la vida, hay una parte tuya que de pronto te pasa eso y se engancha con el niño, el niño es el que se sorprende.
Cuando miro una película de terror, que me da mucho miedo digo no, a ver, pará, yo sé que detrás de eso hay 80 técnicos, 48 cámaras, pero no me lo puedo creer porque estoy viendo que van a matarlo, y sé que la sangre es de tomate, sé que eso es falso pero me lo creo.

Mr. G: ¿Harías una obra sobre tu vida?

Cibrián: Yo creo que todas mis obras son sobre mi persona, creo tener un poco de Drácula, un poco de Calígula, de Dorian Gray, de El Fantasma, etc.
En todas mis obras hay una madre, en algunas las amo, en otras las mato… yo tenía una adicción particular hacia mi madre y en todas mis obras necesito poner una madre, porque de alguna manera esas madres se las escribía a ella, aunque ella sabía que no las iba a hacer, porque tenía que cantar, bailar o porque no tenía ganas. Eso lo tengo muy claro, cuando no había una madre en Drácula la inventé haciendo esa gobernanta que pide ser madre una vez.

Mr G: ¿Cuando recibís los aplausos los sentís como la primera vez?
Cibrián: Sí, absolutamente. Siempre me acuerdo de los 18 años. Trabajabas no por lo superficial, sino por el afecto y por el reconocimiento. Lo recibo con humildad, siento que soy merecedor de ese aplauso y lo agradezco con el alma porque realmente me llena el alma.


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